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No me gusta escribir en caliente. Me gusta dejar reposar mis emociones y mis opiniones aunque se pierdan detalles por el camino. No me gusta dejarme llevar por la euforia o la decepción del momento. Asumo el riesgo, y con Liv Kristine más aún ¿por qué? Porque hay muchos condicionantes como la amistad y la profesionalidad, suya como artista y mía como informador, la credibilidad de mis textos, la rigurosidad y el criterio a la hora de escribir y lo difícil que resulta todo sin dejarse llevar (excesivamente) por las emociones.

Han pasado ya unas semanas desde el concierto de Alte Seminarturnhalle y he tenido tiempo de procesar lo vivido en Nagold aquel 20 de diciembre de 2025, en lo musical y en lo personal porque vivir este evento es volver a casa con el tubito del amor lleno.

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La experiencia empieza con mi despertador sonando a las 03h30 de la mañana y un avión que aterriza en Stuttgart a las 08h30. Aprovecho el vuelo para dormir; los horarios son inmejorables para aprovechar el día al máximo. Hace años me enamoré de esta ciudad en época navideña por cuanto resulta preciosa, embriagadora y que te atrapa en un ambiente de mágico.
En esta ocasión decido cambiar un poco mis hábitos. Me explico, vuelvo a visitar la tienda de discos Second Hand, un templo para los melómanos que visito cada año, y las secciones de discos de Media Markt (antigua Saturn) y Müller y… sí salgo con las manos bien llenas. Decidí dejar el mercado de Navidad para el día siguiente ya que mi mujer y mis hijos venían a pasar dos días a Stuttgart. Les había explicado las lindeces que esconde la ciudad en estas fechas y como ellos querían verlo y yo enseñárselo, nada mejor descubrirlo juntos. En su lugar decidí irme a mediodía hacia Nagold para poder acabar de ver un pueblo precioso que siempre había dejado a medias y, de paso, ver la prueba de sonido de Liv.

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Así fue como pasé por el hotel (este año me hospedé en el Ibis y la experiencia fue muy gratificante, realmente lo recomiendo), dejé el equipaje y me dirigí a Alte Seminarturnhalle. Liv me había dicho que el soundcheck era a las 15h30 y no quería llegar tarde. Entré por la puerta de atrás, como casi siempre, y tras cruzar la puerta de cristal me encontré a Liv, que salía. Un abrazo casi infinito, sonrisas, besos y un “pasa, que están todos dentro”. Cruzo la puerta de madera y allí me encuentro a toda la banda. Saludos calurosos con Sancha y Roland y muy cordiales con Bjorn y Tobi. Mientras ultiman los preparativos, me encuentro con Andrea, una de las mejores amigas de Liv, y su hija Hannah. Vemos juntos la prueba de sonido que, a todas luces suena fantástica y tras ella departimos con Liv. También con Michael, su marido.
Ajustan el sonido con “Amor Vinci Omnia” en la que Michael participa también, una hipnótica “12th February” y la renombrada “Ave Satana”, que viene a ser el “Ave Maria”. Pero nos aguardaba una sorpresa cuando de repente vemos que Liv y Sancha se dirigen a la mesa de sonido. Hablan con el técnico y se sientan frente a él y de repente empiezan a interpretar “Lotus” en acústico. Sinceramente, pensé que la había cantado allí para afinar bien el sonido y pulir los detalles.

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Me marcho del viejo gimnasio y visito el pueblo, que se muestra frente a mí en todo su esplendor, desnuda sus encantos, sus calles de cuento, su pequeño mercado navideño entorno a la pista de hielo y un escenario donde se programaban muchos conciertos gratuitos cada día, y unas tiendas que yacían cerradas, en su mayoría, desde las 17h00, la Stadtkirche (la catedral de Nagold)… Maravilloso pese a que el grueso del mercado ya estaba desmontado. Un paseo precioso, relajado y que me permitió terminar de enamorarme de un pueblo que vive en la calma.

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Y tras unos minutos de relajación volví a la sala, ahora ya para ver el concierto. De camino, me escribe Pascal y me dice que me tienen sitio guardado en la mesa de delante del escenario. En la puerta pronto me reconocen “ah, sí, tú eres el chico de España, pasa, todo está arreglado con tu invitación”. Nada más entrar me cruzo con mi querida amiga Mariël Rohrbach y nos fundimos en un abrazo de esos que dan vida, con Frans, su pareja, y con Chris. Definitivamente la velada no podía tener mejor inicio. Sigo avanzando y alcanzo a ver a Pascal, Bernardt y Sandra, con quien compartimos idioma. Me siento con ellos, por supuesto, y nos ponemos al día. Con Pascal había coincidido en Nijmegen el 31 de agosto, en el concierto de The Gathering celebrando el 25 aniversario de ‘Mandylion’. A lo lejos veo a Uli y Tina pero espero a saludarlos pues Miracle Flair empezaban su actuación.

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Reconozco dos cosas antes de proseguir. La primera es que apenas me había informado de Miracle Flair antes de viajar a Nagold. La segunda es que, generalmente, me gustan, y mucho, los teloneros que tiene Liv allí; me acuerdo por ejemplo de Propjekt Ju, Barfuss o el propio Roland Bliessener.
Así las cosas, este cuarteto suizo de Symphonic Power Metal comandado por Nicole Hartmann nos ofreció una suerte de greatest hits con especial protagonismo de su último trabajo ‘Synchronism’.

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“In charge”, “The untold” o “Dying existence” hicieron las delicias del respetable y me consta que varios espectadores empezaron a seguirlos en Spotify mientras les veían actuar. Tener un estilo relativamente parecido a lo que Liv había podido hacer con Leaves’ Eyes en algún momento hizo que el público se viniera arriba. Gozaron de un sonido y una iluminación fantásticas y la banda se entregó sobre el escenario. La gran protagonista del concierto fue Nicole, su vocalista, que estuvo espectacular y fue creciendo canción a canción.
Miracle Flair es una banda con mucho que ofrecer y con un gran porvenir. Si puedes verlos en directo no te los pierdas, no te arrepentirás.

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Y mientras cambiaban el escenario aproveché para saludar a Tina y Uli. No recuerdo la primera vez que coincidimos los tres, quizá fuera en Nagold en 2011, pero sí la última, en el Z7 de Pratteln (Suiza), también en un concierto de Liv Kristine. Somos viejos conocidos ya y siempre es una delicia verlos.

Y llegó la hora de Liv Kristine. A riesgo de hacerme repetitivo, cada uno de sus conciertos en Nagold es una experiencia, una caja de sorpresas. Porque muchas de las cosas importantes de la carrera musical de Liv pasan en Nagold, rodeada de su gente, jugando en “casa” y con todo a favor. Ahí Liv es imparable, invencible y esta noche en Nagold volvió a demostrarlo.

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Había visto el setlist semanas antes del concierto y, honestamente, tenía dudas sobre cómo iban a encajar los temas.
Tras la intro de rigor, la apertura era el corte que da título a su último trabajo, “Amor vincit omnia”, toda una declaración de intenciones y en la que tuvo como invitado a su marido, Michael Hansen. La complicidad entre ambos es tal que acaban dándose un beso al final de la canción. No podía haber un inicio mejor.

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Para “Ode to life pristine” bajaron las revoluciones y consiguieron un resultado óptimo en el que reinó la voz de Liv, desnuda, íntima, profunda. Sin duda una de las mejores composiciones de Sascha para este trabajo. Aunque el público estaba entregado a la causa de la noruega desde antes de empezar el concierto, canciones como “Love decay” levantaron el ánimo más aún.
Y en eso que llegaron dos de los momentos más celebrados por sus fans, los que la siguen desde hace años. Primero con “Siren” que, a la postre, sería uno de los pocos recuerdos a su trayectoria con Theatre of Tragedy. Cierto que muchos desearíamos un repertorio exclusivo de su banda madre, pero no es menos cierto que su carrera dura ya 32 años y tiene muchos highlights en todas sus etapas. Y, después, con “Norwegian lovesong”, la primera canción que grabó con Leaves’ Eyes y cuya letra autobiográfica es esencial para sus fans.

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El concierto crecía y crecía mientras Liv repartía sonrisas, “Saphiere heaven” nos acercó la figura de Roland, a los teclados, a un primer plano en una canción que te arranca una sonrisa con su estribillo catártico. Qué gusto da ver a Liv con una banda tan cohesionada, hecha a su medida y que se entiende a la perfección y es que poco se habla del excelente trabajo que realizan también Björn Etzel a la batería y Tobias Glier al bajo.
Con “Shaolin me” y “River of diamonds” rescataron el anterior disco de Liv y supimos agradecer dos cortes capitales en sus repertorios. En “River of diamonds” Sascha se encargó de las voces masculinas y Liv y él volvieron a mostrar una conexión que les está dando grandes frutos, tanto en estudio como en directo.
Hace mucho tiempo que lo digo, los conciertos de Liv acostumbran a ser una caja de sorpresas y temas que no te habían llamado la atención antes, lo hacen ahora. Me sucedió con “Hold it with your life”. Quizá en disco no le había prestado la atención que merecía; quizá en ese contexto quedaba diluido para mí. Lo cierto es que en Nagold me resultó uno de los momentos más intensos y pasionales de la noche. Maravillosa.
Y la primera parte se cerraba con “12th February”, otro de esos momentos mágicos, desde el teclado inicial de Roland. Una interpretación para escuchar con los ojos cerrados, para dejarte llevar, y con una percusión que te hace volar. Si “Hold it with your life” fue mágica, “12th February” resultó catártica.
Haciendo balance de la primera parte del concierto, creo que ofreció tantos elementos de análisis que era imposible no caer rendido a la sorpresa, a la sobriedad y a la delicadeza que acabábamos de ver.

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Para el bis quedaron tres clásicos y una sorpresa. El primer tramo con “Venus” y “Der tanz der schatten” pusieron los ánimos y el ambiente por las nubes. Michael volvió a escena para cubrir la voz gutural mientras abajo del escenario el público estaba engorilado, cantando y en éxtasis. Siempre son éstos dos momentos épicos y muy esperados en sus conciertos.
Y en eso que llega la gran sorpresa de la noche cuando de repente se vacía el escenario. Desaparecen los músicos y muchos piensan que va a haber un nuevo bis. De repente, Liv y Sascha, desde uno de los laterales del viejo gimnasio, se van hasta la mesa de sonido. Entonces lo entiendo todo. Lo que habían ensayado en la prueba de sonido no era casualidad. Se sientan, se acomodan, en dos taburetes. Sascha toma su guitarra acústica y empiezan los primeros acordes de “Lotus”. En efecto, estaban interpretando esta canción en acústico desde la mesa de sonido, entre el público, que no daba crédito. Sonrisas eternas y una nube de teléfonos móviles para inmortalizar un momento mágico, de los más especiales que hemos vivido en Nagold en todos los años que Liv lleva tocando aquí.
Y el cierre, como siempre, llegó con la renombrada “Ave Satan” que supo a gloria y con Liv dando de do de pecho y llegando a notas altísimas.

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Así terminaba un concierto mágico. Otro más. Otra noche para el recuerdo. Un evento que siempre es muy especial y que tarda tanto en llegar. Toca esperar otro año entero para volver a encontrarnos en Nagold. 2026 marca el 15 aniversario de Liv en Alte Seminarturnhalle. Quien sabe lo que sucederá hasta entonces, quien sabe lo que viviremos entonces. Lo que sí sabemos es que los que hemos estado en Nagold’25 haremos lo posible para regresar el próximo año porque la navidad para Liv y todos nosotros no empieza el 24 de diciembre, lo hace el día que Liv actúa en Alte Seminarturnhalle y allí tenemos nuestra particular cena de Nochebuena.

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Gracias por tanto a Pascal Deruyck y Bernardt Thant (Bélgica), Mariel Rohrbach y Frans Neelen (Países Bajos), Pierre y su hija (Francia), Chris Smiedi, Uli, Andrea y Hannah, y Marvin Römisch (Alemania), Tina Jensen (Dinamarca), Sandra Vande Velde (Perú / Bélgica). Con todos ellos he vivido grandes momentos pero varias cosas me han marcado especialmente este año: la conversación que tuve con Sandra entre conciertos, tan personal y conmovedora, que me sirve para apreciar y valorar su amistad y la vida profundamente; y por otra parte, los momentos vividos con Mariël, mi dulce y querida Mariël, una mujer tan frágil y delicada como imponente, y con la que tengo una conexión mágica que nos lleva a reír y llorar cada vez que nos encontramos. Además de todo eso están los encuentros con Liv y sus chicos porque cuando llego a Nagold me siento como en casa con Tobi Glier, un tipazo como Roland Bliessener, con un afable Björn Etzel, con un tipo tan especial y amable cono Sascha Dannenberger, con un amigo como Michael Hansen que te da unos abrazos increíbles, y con mi amiga Liv Kristine, que hace que cada uno de nuestros encuentros sea más especial que ningún otro con su cariño, su sonrisa, sus palabras y su mirada porque juntos somos un equipo. Porque con toda esta gente somos una familia.
Gracias a todos por hacer de Nagold’25 un evento tan especial.

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P.D.: Ahora han pasado ya unas semanas de aquella tarde – noche – madrugada maravillosa y en casa veo fotos y vídeos de conocidos que viven en Nagold y Stuttgart y veo que hace mucho frío y nieva y yo añoro aquella imponente nevada que me encontré allí en 2022 y los -10ºC que hacía fuera de Alte Seminarturnhalle. En 2026 se cumplen 15 años de la primera actuación de Liv en Nagold y si echo la vista atrás veo la gran cantidad de historias y anécdotas que acumulo de mis viajes para ver a Liv y, especialmente, a Nagold. Ainsss… bendita nostalgia, bendito presente… bendito futuro.

Texto: Marc Gutiérrez
Fotos: Mariel Rohrbach (fotos de directo) y Merc Gutiérrez (fotos de ambiente).

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