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“Jon Oliva, ¿por qué Savatage nunca han llenado estadios ni ha vendido millones de discos si por calidad deberíais haberlo conseguido? Pues la verdad… siempre me lo he preguntado…”

Lásers, pirotecnia, plataformas hidráulicas, grúas, una orquesta, solistas, trajes de etiqueta y pabellones a rebosar. Todo esto es lo que caracteriza a la orquesta Trans-Siberiana. Este proyecto, surgido a mediados de los 90, trataba de darles un lavado de cara a los muchos villancicos tradicionales que llevan siglos sonando en sus viejos cánons anquilosados y pretéritos. Kinkel, O’Neill y Oliva fueron el triunvirato pensante y sabían muy bien como hacer las cosas; pues llevaban muchos años partiéndose la espalda con una banda de heavy metal: Savatage.

Sabían que el glamour y la elegancia debían estar presentes en esa nueva etapa, pero sus raíces duras seguirían presentes y terminarían por dar forma a unos villancicos metalizados que pueden ser calificados de heavy metal para todos los públicos. Combinar Navidad, con música clásica y guitarras eléctricas es una fórmula excelente; y esta alquimia ha hecho que a día de hoy la TSO haya tenido que dividirse en dos orquestas (la de la Costa Este y la Oeste) que tocan, únicamente, los tres meses invernales en doble sesión: a las 15 de la tarde y a las 19. Dos shows diarios absolutamente espectaculares, a ambas costas americanas, que les llevan a gastar más en pirotecnia que a los propios Kiss. Es decir, cuatro shows al día en total. Y es que ante todo la Trans-Siberian Orchestra es espectáculo, uno de los más grandes que hoy en día uno puede disfrutar sobre la faz de la tierra, pero… al ser americanos hay siempre un componente algo hortera, necesario para llegar a padres de familia, a adolescentes y a rockeros por igual. A pesar de la espectacularidad y de ser un show de rock, deja transpirar ese tufo americano exagerado y algo sobreactuado.

LOS TIEMPOS DE SAVATAGE
Para entender el triunfo de la Trans-Siberian Orchestra uno debe pasar primero por una de las bandas más infravaloradas de la historia: Savatage. Ante esta banda, mis opiniones puede que no sean del todo objetivas, pues es, sinceramente, una de las bandas de mi vida, por no decir “la banda”. De hecho, mi comedor está adornado con un graffiti con el logo del grupo. Unos tres metros de pintada con efecto de relieve. Savatage nace en Florida a principios-mediados de los 80, banda capitaneada por los hermanos Oliva, Jon como vocalista y Criss como guitarrista. Sus primeros pasos muestran a una banda algo estándar practicando lo que se llamaba antes como power metal americano. Al meter teclados en sus composiciones alcanzan un nivel de originalidad muy especial acercándose al sinfonismo y al progresivo, aunque todo ello en un segundo plano, pues el heavy metal clásico seguía mandando como estilo. Obras como “Hall of the Mountain King” (1987) y “Gutter Ballet” (1989) son auténticas piezas maestras a las que el tiempo ha puesto en su merecido pedestal. El piano de Jon Oliva gana espacio y la magia surge. El disco “Streets” (1991) sería el primer atisbo de éxito para los de Florida gracias a al tema “Jesus Saves”, una ópera rock sobre un músico callejero. Realmente el disco suena a musical, con muchos cortes en los que Oliva y su piano se quedan solos. El concepto era de Paul O’Neill y a partir de entonces habría una continuidad en las historias conceptuales en todos sus discos. Pero Savatage era una banda maldita y la alegría duró poco. Un conductor ebrio subiría a una acera y atropellaría mortalmente a Criss Oliva. Entraría primero Alex Skolnik y luego Criss Caffery a la guitarra, también Zak Stevens, que pasaría a ocupar la plaza de vocalista en Savatage. Jon abandonaría la banda tras la muerte de su hermano, aunque siempre estaría con ellos en segundo plano, junto a O’Neill, ejerciendo de director musical.
“Edge of Thorns” (1993) sería uno de sus grandes discos y su etapa 90 quedaría marcada por una excepcional canción titulada “Chance” (del disco “Handful of Rain” de 1995), con un canon polifónico. La guerra de Bosnia inspiraría la monumental historia del disco “Dead Winter Dead”, una historia de amor a lo Romeo y Julieta entre unos jóvenes, un bosnio y una serbia, pero vista desde los ojos de una gárgola que seguía de pie en la catedral de Sarajevo ante los constantes bombardeos serbios. Al final de la historia, la gárgola de piedra lloraría viendo el desastre humano que fue esa guerra. El villancico “Carol of Bells” sería la primera piedra de la Trans-Siberian Orchestra y estaba incluida en ese disco. Savatage seguirían grabando discos excepcionales, todos conceptuales, pero su hermanita menor, orquestal, la Trans-Siberiana, pronto crecería y se comería a la banda madre.

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LA ORQUESTRA TRANS SIBERIANA
O’Neill, Kinkel y Oliva decidieron que serían los actuales miembros de Savatage y los exmiembros que pasaron por la banda los músicos protagonistas de la Trans-Siberian Orquestra. Todo quedaba en familia y era un homenaje a todo aquél que pasó por sus filas. Bueno… todos no. El grupo tuvo una temporada al guitarrista Jack Frost, pero no cuajó. Las dos primeras obras de la Trans-Siberian eran absolutamente navideñas, pero ya en la tercera dejarían que el espíritu de Savatage saliera del armario. “Beethoven’s Last Night” (2000) era puramente Savatage 90, y en su siguiente obra colocaron en portada uno de los símbolos de la banda: la guitarra blanca de Criss, con unas rosas rojas encaramadas en el mástil y unas gotas de sangre salpicadas. En “Night Castle” (2009) son hasta cuatro los temas de Savatage que llegan a colar. Desgraciadamente la banda primigenia, Savatage, ya no existe, si bien llegaron a encabezar festivales europeos y el gran público empieza a reclamar ahora los orígenes de la Trans-Siberian Orchestra. Un recopilatorio, un EP bajo el nombre de “Fireflies” y un álbum titulado “Letters form the Labyrinth” (2015) completan su legado hasta día de hoy. En 2017 la tragedia vuelve a golpear el grupo con la muerte de uno de sus creadores: Paul O’Neill.

TSO

LA GIRA EUROPEA
Jon Oliva nos dijo que la situación estaba estudiada y que la TSO podía llegar a funcionar mejor en Europa que en Estados Unidos. Han realizado un par de giras los meses de primavera del 2011 y 2014, saldándose con llenos en recintos de unas 3000 personas. Tuve que viajar a Amsterdam para poder disfrutar de un espectáculo que difícilmente se podrá llegar a ver en España. En el primer tour lo dedicaron al disco “Beethoven’s Last Night”, 11 años después de su edición. Más vale tarde que nunca. Cómodamente sentados en butacas pudimos disfrutar de casi tres horas de concierto, con orquesta, coro, narrador y un goteo inacabable de vocalistas. Casi 20 personas forman la Trans-Siberian Orchestra, y entre ellos, evidentemente, casi todos los miembros de Savatage. Esta vez no llevaron la pirotecnia ni las grúas hidráulicas, pero fue completamente igual, su música es suficiente para emocionar. El tramo final tenía como regalo un par de cortes de Savatage: “Sleep” y “Chance”.
Jon Oliva ha pasado por etapas de salud realmente preocupantes. Es obeso mórbido y necesita andar con un bastón. Pero eso no quita que siga siendo uno de los mejores músicos que ha dado el siglo XX. La actividad de Kinkel y Oliva siempre ha sido un no parar y llegaron a preparar una banda de blues y un musical para Broadway basado en el disco de Savatage “Streets”. También existe el proyecto Jon Oliva’s Pain en el que el orondo cantante recupera todo el catálogo de Savatage. También existe la banda Circle II Circle con Zak Stevens a las voces. Todos ellos forman parte de la familia Savatage, muy bien avenida y prolífica.

TSO 2015

LA APOTEOSIS DE WACKEN 2015
La mayor locura realizada nunca por la Trans-Siberian Orchestra sucedió en Wacken 2015 ante una incesante lluvia que no pudo ni aguar la sensación de vivir algo histórico. Savatage volvieron a reunirse, pero se llevaron de paso las dos TSO, la del Este y la del Oeste. La primera hora aparecieron Savatage en un escenario sentando cátedra y repasando lo más florido de su catálogo, pero luego se subieron las dos orquestas utilizando el escenario contiguo Por primera vez en la historia una banda tocaba en dos escenarios a la vez.

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Más de 50 personas sobre escena contando coro y orquesta. Fue un show arriesgado y rompedor que implicó que todo fuera milimetrado. Luces, pirotecnia y cantantes de la talla de Jeff Scott Soto o Russell Allen entre los que formaban el coro. La mente de Paul O’Neill siempre fue privilegiada. Es increíble que a día de hoy todavía se pueda innovar en el mundo del rock, cuando parece que ya se ha inventado todo.

Jordi Tàrrega